martes, 31 de diciembre de 2013

De cómo me volví Santa Claus (Epílogo)





26 de Diciembre de 1985


Después de una agotadora noche de trabajo, aterricé mi trineo de renos en la localidad de Myra, mi antigua iglesia. Me puse a contemplar las ruinas, los mosaicos bizantinos, mi supuesta tumba; saqueada hace siglos por los italianos de Bari para salvar mis supuestos restos de la ocupación musulmana. Sentí que la nostalgia se apoderaba de mi alma.

Me arrodillé ante el viejo altar en que practicaba la eucaristía en el siglo cuatro, uní mis manos para orar y dije:
  • Señor Jesús, perdóname si pareciera que te sustituí como patrón de la navidad, nunca fue mi intención. Lo único que deseo es compartir mi amor con los demás, esa siempre fue mi vocación. No sé si iré al infierno por esto, pero te prometo que continuaré con mi labor para que la niñez del mundo conozca del amor que le ofreciste hace dos mil años por medio de mí, sean ateos, musulmanes, cristianos, budistas, o quién sabe qué. Perdóname también por realizar mi labor con ayuda de duendes; no sé si serán demonios, pero vaya que sí me asisten bastante en la fabricación de juguetes. Seguiré todos los días hasta el fin del mundo, te amo Jesús. Amén.
  • ¡¡Alto, quién está allí!!!
Rápidamente me escabullí hacia el trineo. Él era un monje ortodoxo griego que supervisaba los trabajos arqueológicos en el lugar. Antes de irme, le dejé un regalo que le conmovió hasta hacerlo llorar. Me parece que incluso llegó a escuchar el campaneo de mis renos volando.
 

Diciembre de 2013

Esta es mi historia, quien quiera creer otra cosa de mí es su propia elección, los mitos evolucionan constantemente para convertirse en parte de nuestra realidad. Para mí el verdadero mito es lo que ella representa: la de un hombre gordo, bonachón y vestido de rojo cuya infinita generosidad hace que cada navidad haga gala de su bondad repartiendo regalos que al final definirán el carácter de cada niño o niña a medida que crece, demostrando que la navidad es algo más que una fiesta religiosa; es un festín de amor. Mientras perdure esa idea, yo puedo aguantar cuanto nombre o deformación de mi figura histórica me hagan, ya sea que me crean el representante del consumismo más banal o incluso que sea más popular que mi Jesús, esto último apenas lo aguanto. Jo, jo, jo, hasta pronto, ahora voy a encender mi blue ray para ver las tres películas de Santa Clausula. Feliz navidad!!!!!!










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