domingo, 24 de noviembre de 2013

De cómo me volví Santa Claus (2da parte)




Primero de diciembre del año 1012

Al cabo de muchos años, ocurrió algo que cambiaría aún más mi vida, la inminente muerte del dios Odín, el principal del panteón nórdico. Todos los seres mitológicos, incluyendo dioses, estaban alrededor de su lecho de muerte; le afectó mucho que la gente cada vez más dejara de creer en él para reemplazarlo por el dios cristiano. Me sorprendió que me mandara a llamar, luego puso sus temblorosas manos junto a las mías y dijo lo siguiente:

- Querido Nicolás, cof, cof, cof...

- Soy todo oídos Odín.

- A ti te dejo mi trineo con renos voladores y mi traje rojo, éste tiene poderes mágicos cuyo alcance aún no imaginas.

- Tienes un montón de hijos, de ellos Thor es tu predilecto, ¿además que tengo yo de especial?

- Cof, cof, ninguno de ellos va a seguir existiendo después que yo muera, cof, cof, soy el pilar de la religión. Tú, en cambio eres mortal, tu existencia no depende de que crean en ti o no, también has brindado una gran alegría a muchas generaciones de nuestros niños, te lo mereces. Con estos regalos, te facilitaré más tu labor, lo que hará que llegues a los demás confines del mundo repartiendo amor.

Odín me esbozo una radiante sonrisa y luego expiró. Su cuerpo se desvaneció lentamente, hasta que en su lecho no quedó ni rastro de él. Desde ese momento, los pocos creyentes que quedaron de la vieja religión se fueron convirtiendo lentamente al cristianismo, mientras los demás seres mitológicos desaparecerían de la faz de la tierra, todos menos los duendes. En ese momento esto no había ocurrido, siendo lo único que me preocupaba que sin Odín mi condena era absurda ya que no existía más la vieja religión, mi esclavitud forzada carecía de sentido. Alberic se me acercó a mí y admitió lo siguiente.

- Nicolás, Odín ha muerto, eres libre.

- Tú insinúas eso pero, ¿libre de qué?

- Tu condena se basaba en que eras el principal promotor del cristianismo, ahora que la vieja religión está muerta no hay caso.

- Te equivocas Alberic, no puedo volver a mi lugar de origen porque nadie en su sano juicio va a creer que después de tantos años estoy vivo. Por lo tanto continuaré con mi labor en el taller, esta vez usando lo que me dejó Odín.

Alberic accedió a ser el supervisor de los duendes, yo en cambio me convertí en la única persona que supuestamente trabajaba un sólo día al año, el día del nacimiento de mi señor, pero si creen que es un trabajo ridículamente fácil, nada más lejos de la realidad. Desde antes de que escribas tu carta pidiéndome juguetes, sabemos de antemano el que deseas y como son millones de niños, trabajamos los trescientos sesenta y cinco días al año fabricando sin cesar, con algo de ayuda de la magia.

Cierta vez, llegué a escuchar a lo lejos, en parte gracias a la magia del traje de Odín, a unos marineros pidiendo ayuda para calmar la tempestad. Llegué volando sobre mi trineo, eché polvo de hada a las nubes para calmar la tormenta, lo que funcionó. Luego atravesé de cerca el barco con mi trineo de renos voladores, dejándolos con la boca abierta, además de agradecidos.

- ¡¡Gracias Nicolás, gracias por salvarnos!!!

Así fue como me convertí en el patrón de todos los navegantes. 

Descubrí que con el pasar de los años seguía con vida, teniendo la misma edad. Lo que sucedía era que el traje de Odín tenía ciertas propiedades mágicas que me proporcionaban algunas ventajas.

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