viernes, 18 de octubre de 2013

El baile de la muerte de Joe Lambada (4ta parte)


El baile de la muerte de Joe Lambada (4ta parte)




Joe sabía que aquel joven más pequeño que él iba a ser difícil de alcanzar, en especial en un lugar como la selva amazónica. Fue por eso que poco después de dispersar a toda la tribu con un disparo de la 38 se acercó a los árboles, se quito sus botas y medias;realizo un considerable salto vertical en el aire de un ligero impulso de su talón para luego coger una liana.

Fue en una recóndita tribu aborigen de selva adentro, entre los que nació y se crió que Joe había aprendido a moverse con fluidez en la espesa jungla; su pericia para balancearse de una liana a otra podría causar la envidia de cualquier primate, y la facilidad de deslizarse a través de gruesas y resbaladizas ramas de árboles superaba la destreza de cualquier patinador olímpico sobre hielo. Podía mover su cuerpo de considerable envergadura en determinados ángulos para tomar impulso con su peso, logrando desplazarse a una velocidad que sería incapaz de alcanzar en una carrera de metros planos. Pese al natural estrés que causa este tipo de acciones, Joe era capaz de mantener la calma a la vez que era de sentir los latidos de su nervioso corazón; era consciente que tenía que mantener la mirada fija hacia adelante en un punto fijo y avanzar.

Sus bien desarrollados sentidos le permitieron localizar a Chico en sus desesperado intento por escapar. A velocidad de vértigo salto de una rama a otra, luego al final de la última salió saltando al vacío hacia adelante, tomando la siguiente liana hasta que pudo verlo desde arriba,en su accidentada carrera.

-Allí estás pequeña sabandija, puedo percibir tu olor corporal de joven de clase media haciéndose pasar de forma patética como un indio amazónico.

Al darse cuenta de que aquel acróbata selvático le estaba dando alcance, él acelero su desesperada carrera hasta casi caer en un precipicio. Se detuvo en el filo apenas justo a tiempo, pero del repentino esfuerzo se tambaleo y cayo abajo.

-Maldicoes (maldición) – dijo Lambada

Lambada se agarró de otra liana, cogiendo impulso para agarrarlo llegar hasta él. Logro agarrarlo del brazo, quedando los dos como péndulo de reloj antiguo sobre aquel vacío de oscuras hojas verdes.

-¿Qué haces?, ¿acaso no es mejor que me dejaras morir?

Si te dejo morir así, dom Acab nunca podrá ver tu cuerpo y yo me quedare sin mi recompensa. Tampoco te hagas el muy valiente, se que no quieres morir, puedo sentir el pulso de tu brazo.

-¿Y qué vas a hacer?, ambos estamos aquí varados

-Necesito impulso, ¿puedes mecer tus piernas de atrás hacia adelante como un niño en un columpio de parque?

-¿Si me caigo?

-Yo te estoy sujetando, una vez que cojas impulso nuestros cuerpos se comenzaran a mover. Con el peso combinado de los dos lograremos suficiente fuerza como para que la liana nos balancee hasta el otro lado; yo te soltare allí, luego con el impulso que me queda te daré alcance. Primero junta tus piernas moviéndolas de atrás hacia adelante, aprovecha el momentum para usar el resto del cuerpo; una vez que el momentum llegue a mí haré mi parte y listo.

-Manos a la obra pero te lo advierto, esto no nos hace amigos

Hicieron tal como dijo Joe, quedando el joven primero en la otra orilla en una caída semi accidentada, después Joe continuo tomando impulso para hacer lo mismo por sí solo. Lo malo fue que la maniobra no le salió como él esperaba, porque golpeo su cuerpo con excepción de su cabeza y hombros contra la pendiente. Quedo a dolorido y con una rodilla lastimada, haciendo ingentes esfuerzos por incorporarse en la cima con sus brazos.

Chico veía esto y no lo podía creer, tenía la oportunidad de oro de deshacerse de su futuro asesino, sólo bastaba con empujarlo con una leve fuerza para enviarlo al otro mundo. Pero Chico no tenía ese corazón, así que se acerco a aquel sujeto y lo ayudo a subir. Una vez allí, Joe agarró al joven por su delicado brazo con gran saña y le apunto con su revolver 38.

¿¡Viste lo que acabas de hacer?!, ¡has cometido el peor error de tu vida, prepárate muchacho que este será tu funeral!!

¡¡No me mates por favor, la razón por la que Acab me quiere muerto es porque tengo pruebas fehacientes de sus verdaderas intenciones!!. ¡¡No es sólo minería contaminante, todo el Amazonas está en peligro!!. ¡¡Por favor debes creerme!!

Joe miro fijamente aquellos ojitos que transmitían seguridad absoluta. No sabía si lo había cambiado la sorpresa de que él lo hubiera rescatado, lo único certero para él es que esta iba a ser la primera vez en su carrera que no podría matar a alguien de inmediato. Él volvió a poner el arma en su funda.

¡¡Eso tendrás que explicarlo a Dom Acab cuando lo veas, ahora camina!!









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