jueves, 7 de abril de 2016

El baile de la muerte de Joe Lambada (Epílogo)


Viene del capítulo anterior

La humareda proveninente de los restos quemados de lo que quedaba de la mina de Acab Michaelosn y los bosques de alrededor, tras el incendio devastador del día anterior, no parecían causarle siquiera un resfriado a Joe Lambada; sin duda alguna, en su interior hace rato que arde un infierno.

Tras haber despertado hace varias horas, se dispuso a hacer lo que se le ocurrio de improviso en su cabeza: buscar las pepitas de oro que estaban esparcidas por allí, llenar con ellas varios sacos y cuyo peso combinado fuera suficiente para transportarlo en su cuatro por cuatro Land Rover  "Made in Brazil"; el hombre era consciente de que no se podía llevar todo el oro de la antigua mina, pues eran varias toneladas lo que había que transportar.


Justo cuando había llenado cinco sacos y los estaba colocando pacientemente en el compartimento portamaletas trasero de su enorme vehículo, aparecio caminando una figura de lo más familiar: un joven de mediana altura - por lo menos para ser brasileño, porque comparado con Joe parecía un alfeñique -, piel cobriza, calzoncillos raidos por la selva al punto de parecer un taparrabo; su piel estaba llena de picadas de mosquitos y era evidente su rostro desfigurado - el mismo Joe Lambada se encargo de hacerle esa cirugía, tras golpearle con su jab de derecha -. Era Chico Flores.



El joven jadeaba y su mecánico caminar hacia evidente su cansancio: cada paso que daba era una hazaña, las plantas de sus pies estaban llenas de cayos y parecía que se quería tragar todo el aire del amazonas. Se acercaba lentamente hacia Lambada ,sin perderlo nunca de vista; éste, en cambio, no le prestaba la mínima atención, como si no existiera.



Al ver a Lambada colocar el penúltimo saco lleno de pepitas de oro, el joven no pudo evitar fruncir el entrecejo y dedicarle unas palabras poco halagadoras.



- ¿¡Con que de eso se trataba todo?! ¡¡Tú querías el oro de esta mina y por eso destruiste todo esto, sin duda mataste a Michaelson y sin querer causaste toda esa devastación que casi quema cientos de miles de hectáreas de bosque!! ¡¡Joe Lambada, eres un maldito infeliz!!



Tras aquellas palabras, Joe Lambada puso su atención en él, prácticamente con un alto grado de indiferencia - o eso era lo que le quería hacer creer - y le respondió.



- Oh eres tú, chiquito, digo, Chico Flores - Decía inexpresivamente -. Me parece increíble que hayas escapado de mis amigos yaranís y que atravesaras trescientos kilómetros de selva virgen para llegar aca.



- Y yo te dije a ti que nada me iba a detener; haría lo que fuera por detener a Acab Michaelson pero tú te me adelantaste y por una razón sencilla: no querías que yo te detuviera, loco sicópata.



Joe apenas prorrumpio una risita burlona y se disponía a cargar el último saco, cuando el joven continuo hablandole en tono acusador.



- ¿Sabes qué? Aun no puedo creer que me hayas ayudado con tu pequeño hacker a revelarle al mundo los planes de que Acab Michaelson quería ampliar su mina hasta devastar todo el Amazonas para conseguir su oro ¿O se te conmovio el corazón o tramabas algo? ¡¡Ah, ya se!! Cuando te pedí ayudarte, primero me desdeñaste por mis pocas aptitudes de lucha y luego... ¡¡Luego me desfiguraste con un puñetazo!!¡¡Entonces es eso: querías despistarme para evitar que descubriera lo que estabas tramando, que es esta devastación planeada en tu loca cabeza pensando en hacerte rico!!



El enojo de Chico Flores era tal, que ni siquiera ponía atención en el rostro hinchado y semidesfigurado de Joe; al menos se las arreglo de alguna forma para rearmar los huesos de su tabique nasal y buena parte de los que componían su cara, pero su ojo izquierdo seguía bastante semicerrado. Era tambien evidente su dificultad para mantenerse erguido y moverse con ese cuerpo lleno de lesiones, moretones y heridas, lo que sin embargo no le impidio comportarse de manera burlona y le respondiera al joven.


- Yojojojo, lamento mucho lo de tu rostro; sin duda alguna no tendras más nunca ni un sólo chance para conseguirte una novia, aunque sea alquilada por internet. Voy a darte una pequeña compensación.



Del último saco que estaba todavía fuera de su Rover, Joe Lambada tomo unas pepitas de oro, que educadamente Chico Flores agarro con el brazo y la mano extendida. Luego de esto, el joven le contesto.



- ¡¡No quiero ningun subproducto de explotación minera y al mismo tiempo obsequiado de un saqueador como tú!!



A continuación, Chico lanzo todas las pepitas hacia el suelo, acción que fue rápidamente contrarrestada por Joe; éste, con una velocidad casi sobrehumana, las agarro antes de que se cayeran.



- Dom Acab Michaelson tenía razón: eres un tonto



Con buen tino, Chico Flores levanto la mirada, apuntando a los ojos de Joe; le escupio saliva en el rostro. Joe se limito a restregarsela con el antebrazo de forma mecánica, sin mostrar expresión alguna. Como esperando una reaccion suya, el joven lo señalo con el brazo y el dedo índice extendido y le dijo.



¡¡ Fueron seres como tú, españoles, ingleses, holandeses, franceses y cuanta basura que vino del otro lado del mundo que primero se asentaron aquí en tierras americanas, como simples turistas, luego nos saquearon y violaron vilmente; más de doscientos millones de muertos causaron esos ancestros, más tuyos que míos!! ¡¡Debo admitir que mi sangre mestiza es producto de tal infamia, pero nunca sere como tú!! ¡¡Pero se que esto no termina todavía, ahora a los antihéroes imbéciles como tú los glorifican como dioses: los Silvester Stallone, Chuck Norris, Bruce Willis, Misters T, Vin Diesel y el niño bonito ,que ahora en paz descanse, Paul Walker; partida de matones, rápidos y furiosos y que sólo saben patear traseros!! ¡¡Con ejemplos como ustedes, la gente de este mundo seguira comportándose como un mar de zombies!!



Al escuchar esto, Joe se el acerco un par de pasos, lo miro de arriba y abajo y le dijo lo siguiente.


- Mira chiquito, un día te vas a dar cuenta que en este mundo, si eres bueno no vas a ningún lado, es más, valio más la pena patearle el trasero a Acab Michaelson que tratar de hacer eso ahora con alguien como tú.


Con un movimiento de su dedo, lo empujo dos metros y medio y lo hizo caer; Chico, sin embargo, se levanto de un salto como todo un ninja y luego se sacudio el polvo. Mirando hacia arriba, sin mostrar miedo y con una sonrisa burlona de su rostro desfigurado, más deforme que el de Joe, contesto.



¡¡Ja!! ¿Con que crees que has ganado? Mira vasofia, si piensas que tendras tiempo de llevarte todo ese oro de este gigantesco basurero te tengo algo que decir: mientras venía hacia aca, mire y escuche desde lo profundo del bosque, unas sirenas: las autoridades vienen en camino y tú no tendras tiempo de llevarte ni un gramo más ¡¿Oíste imbécil?!



El gigante esbozo otra sonrisita de delirio y bastante burlona.



¿Y tú crees que no lo se? Eu sou Joe Lambada



Aquella expresión dejo al joven con estupor. Tras vacilar por un momento, dijo.



¿Acaso crees que siempre te saldras con la tuya? Yo se al final cómo terminan los tipos como tú: traicionados, en la cárcel o muertos. Joe Lambada, tú eres un hombre marcado y no sólo tu cabeza tiene un precio; algun día, tendras que responderle a Dios por tus actos.



- Yojojojo, que aburrido eres: yo soy Joe Lambada y yo soy Dios.



Rápidamente, como si no pesara nada ni su cuerpo estuviera lastimado, Joe Lambada metió el último saco de oro en su portamaletas, cerrándola de inmediato. Como si fuera más que un hombre, se metio en el asiento del conductor, cerró la puerta delantera derecha causando un fuerte ruido, arranco el motor y salio de allí más rápido que el demonio de las carreras; tras de sí, dejo una estela de polvo y humo proveniente del silenciador de su vehículo, con el que cubrio a Chico Flores. Minutos después, tras disiparse  aquel humeral, Chico Flores quedo allí, petrificado como una estatua, casi al mismo tiempo que llegaban los vehículos todoterreno de la policía militar de Brazil, con sus sirenas aun funcionando.


Cuando Joe Lambada ya estaba a kilómetros de aquel lugar, manejando entre vados, malezas, bosques y pantanos, al hombre le vino un viejo recuerdo: la de cuando siendo aun niño pequeño, estaba agarrado de la mano por una joven de entre veinte a treina años y complexión algo delgada pero atlética.


Sus metro setenta la hacian sobresalir un poco entre las brasileras y su piel, aunque tostada, estaba levemente cubierta de pecas desde sus hombros a sus mejillas, lo que la delataban como anglosajona. Vestía una ajustada camisa blanca sin mangas, que le hacia resaltar sus mediano pero bien proporcionado busto, su bien estiliada silueta y brazos musculosos. Sus partes íntimas estaban cubiertas por un pantaloncillo ajustado, color verde oliva y en sus muslos transportaba unos estuches donde guardaba sus pistolas beretta, adheridas a ellos por unas correas que estaban lo suficientemente ajustadas a esa parte el cuerpo y de manera tal que no le molestara el caminar. Unas largas botas Land Rover de suela gruesa completaban su indumentaria.





El pequeño niño, pálido como la luna llena, apenas vestía un taparrabo.


Em medio de la vegentación se acercaban a Novo Belem, el poblado de aborígenes en donde la joven antropóloga británica vivía temporalmente con el fin de terminar su tesis de graduación.


Justo cuando se acercaban a unos metros, casi se topan con un extraño: un hombre con uniforme verde oliva, bien armado pero de aspecto algo desarreglado. Era sin duda alguna uno de los miembros de las tantas bandas armadas que operaban en la zona, saqueando poblados y obligando a nativ@s inocentes a trabajar en sus plantaciones de cultivos ilegales de coca u cualquier sustancia natural que, alterada en laboratorios, se convertían en estupefacientes para vender a niñ@s ric@s mimad@s y los desperdicios que dejaba el proceso a l@s más pobres, como el crack.



 Sólo un par de matorrales separaban al niño y a la joven de aquella banda de bandoleros, casi tod@s mestizos, algun@s aborígenes, negr@s y un@ que otr@ blanc@. Quien sobresalía entre ell@s era un hombre robusto, bastante alto, bien armado y de aspecto anglosajon como ella. Sostenía un gran cigarro en su mano derecha y lo fumaba mientras observaba cómo sus bandoler@s revisaban choza por choza hasta agrupar a la gente del poblado en un grupo, haciendoles entender que eran rehenes. En un portugues apenas entendible, decía lo que siguiente.



- ¡¡Sólo estamos de paso!! ¡¡Somos revolucionarios y vamos a acabar con el sistema de opresión que los tiene marginados!! ¡¡Nos llevaremos sus víveres y lo poco que tengan de valor y nos iremos!! ¡¡Algun día nos daran las gracias!!



Sus palabras fueron traducidas a los ahora indefensos aborígenes por medio de uno de los milicianos, que tenía más o menos el mismo aspecto que ellos.



La joven le dijo al niño en un marcado acento británico.



- ¡¡Prométeme que no te moveras de aquí mi chiquito; yo me encargare de estos bandoleros!!



La joven puso silenciadores en sus pistolas, las volvio a poner en las fundas y se introdujo en la espesa vegetación.



El niño observaba entre los matorrales, escalo sigilosamente uno de los árboles y se quedo mirando en la densa copa. Con mucho cuidado, hizo lo posible para que las aves u otro animal volador no salieran disparados de su presencia; sus amig@s aborígenes le habían enseñado miles de formas de sobrevivir en la selva.



Pasaron varios minutos y parecía que no sucedía nada, todo parecía tranquilo hasta que, de pronto, la expresión sonriente del hombre comenzo a cambiar; algo no andaba bien, ya que vari@s de sus esbirr@s aun no regresaban de reconocer las chozas. Justo cuando iba a dar una orden, la joven cayo desde lo alto de los árboles hasta caer como una gata y quedar detras de él; aferro su cuchillo sierra lo bastante ajustado a su gruesa garganta para intimidarlo pero con suficiente cuidado de no cortarle. A pesar de ser una cabeza y media más alto que ella, quedo adherida a él como un chicle; él sabía que cualquier mínima acción que hiciera la pagaría caro.



- ¡¡Bájen las armas, aléjense de este poblado rápidamente o lo remato!!


Ella lo decía con una voz que cortaba el aire e intimidaba al más valiente. Pero no era tan tonta: en su mano izquierda, la misma con la que apretaba el vientre del grandulón protegido con chaleco antibalas, tenía una pistola beretta en la mano, ya sin silenciador.



Tratando de mostrar valentía, el hombre se limito a dar una risita.



- Oye niñita ¿Acaso crees que me asustas? Ya me he enfrentado a peores escenarios y tú al final, seras mi cena.



En el momento en que vari@s milician@s se aprestaban a disparar, aprovechando que ella estaba siendo rodeada, ella giro el cuerpo del hombre con toda la fuerza de la que era capaz a todas las direcciones posibls y lo uso de escudo humado mientras mataba a un@s cuant@s.



- ¿Ves que no vacilo?





Luego, apreto el cuchillo sierra al cuello del hombre, hasta que un poco de sangre salio de su cuello y se desparramo por el suelo. Despues, hizo unos disparos al aire, que hicieron que más de un@ de l@s bandoler@s se asustara y empezaran a retroceder.



- ¡¡Lárguense de aquí y no vuelvan más nunca!!



Y tod@s ell@s huyeron despavorid@s en medio de la selva, hasta perderse de vista, como si fueran devorad@s por esta última. Sólo quedaron  ella y el jefe miliciano, que seguía medio reido.



- Chiquilla loca ¿Crees que esto es el fin? Aquí impera la ley de la selva; tarde o temprano otros grupos vendran y seguramente tú no estaras para proteger a nadie.



- Tal vez, pero nunca  te volveremos a ver; no quería manchar esta tierra sangrada con tu sangre sucia, pero no me das opción.



Y hundio el filo de su cuchillo militar, hasta que un río de sangre emano de su cuello. El cadáver del hombre cayo cuan largo era.



- ¡¡No se molesten ni en enterrarlo, esta escoria debe ser el alimento de las fieras; es lo más que se merece!!



Así hicieron l@s nativ@s, que lo cargaron hasta lanzarlo a lo más profundo del amazonas con una fuerza descomunal.



El niño, que había permanecido escondido en un frondoso y grande árbol, bajo con la agilidad de cualquier mono y corrio rápidamente a la joven, quien se agacho para recibirlo con los brazos extendidos; le dio un caluroso abrazo y le dedico unas palabras.



- Pequeño Joey, recuerda mis palabras: lo bueno o lo malo que hagas, se paga en esta vida; nunca sigas el camino del mal. Trabaja honradamente hasta obtener suficiente dinero para una existencia cómoda y digna; buscar los bienes materiales de manera fácil o instantánea te llevara a la senda del crimen y la violencia y eso hara de tu vida una pesadilla. Recuerda esto por siempre, querido hijo; ojalá nunca emules a tu padre.



Y lo beso en la frente.



De vuelta al presente, un Joe Lambada entristecido, con ríos de lágrimas salidos de sus ojos y manejando con furia, gritaba desde adentro de su vehículo.



¡¡Juro que te encontrare madre, aunque me cueste le vida, en esta inmensa selva. Juro que no cesare en mi búsqueda, aunque de ti sólo queden huesos o casi nada!! ¡¡Eres lo único que me ha importado en la vida y continuare hasta el final!! ¡¡Lo juro!!



Brasilia, a centenares de kilómetros de distancia.



El general texeiras, máximo dirigente de las fuerzas armadas brasileiras, miraba con obsesión las últimas noticias de TV O Globo de Brazil, sobre las filtraciones vía satélite que llegaron a sus corresponsales y que tenían que ver con la actividad Minera del todo poderoso yanqui Acab Michaelson: les llamaban "The amazonian leaks" y ya era un verdadero escándalo no sólo en su tierra, sino en el mundo entero. No había dormido en toda la noche y le había pedido a su ya cansada y sexy asistente que le siguiera sirviendo una taza de capuchino cada dos horas, pues no podría descancasar con semejante pesadilla asolando su descanso. El periodista que cubria la noticia mostraba su indignación ante la magnitud de la información.



- El gobierno de Brazil autorizo a Acab Michaelson, hombre de nacionalidad estadounidense, a realizar actividad minera en trescientos kilómetros cuadrados pero, con la complicidad de las autoridades, su mina se extendio seiscientos kilómetros más, amenazando reservas forestales ricas en flora y fauna, ahora en peligro de extinción. De acuerdo a estas filtraciones, el señor Acab Michaelson estaba dispuesto a talar toda la amazonia hasta conseguir toneladas de vetas de oro y cobre, con las cuales podría exportar a países como China e India y a la vez pagar a sus accionistas, entre ellos a altos funcionarios del gobierno de Brazil, incluyendo al presindente.



Texeira seguía viendo su plasma con suma angustia, al mismo tiempo que se bebía su enésima taza de capuccino.



- Y un video captado por uno de los mercenarios de Acab Michaelson, ahora muerto, nos mostraba en acción a un personaje al que todos creíamos muerto y que las autoridades, hasta hace poco, negaban que siguiera con vida: Joe Lambada, mejor conocido en todo Brazil como el Tarzán asesino o el hombre que mato al Papa. Según fuentes anónimas, Joe Lambada, en su afán de vengarse de Acab Michaelson, por un asunto de desacuerdo de un contrato de asesinato a sueldo, decidio vengarse, logrando causar una devastación ambiental que por poco era el doble de lo que causo Michaelson con su actividad minera ilegal por más de diez años y según esta misma fuente, se llevo como cuatroscientos kilos de sacos de oro en su vehículo todoterreno. La pregunta que se hace el público es esta ¿Por qué se permitio que Acab Michaelson continuara su actividad minera más allá del límite permitido? ¿Qué grandes intereses están detras de todo esto? ¿Cual fue la razón de que ocultaran la supervivencia de este archiconocido antisocial, al que much@s consideran como el hombre más peligroso de Brazil?



La cansada joven le dijo amablemente a su superior.



- ¡¡Tiene una llamada!!



-¡¡Ahora no Marta!! ¡¿No ves que estoy ocupado?!


- ¡¡Es del presidente!!


De mala gana, el general tomo el inhalámbrico


¡¡General Texeiras!!


El hombre se atraganto su taza de café. Trato de forzarse a ser amable.


- Dígame su Excelencia


- ¿Qué es todo esto que está pasando?


El achaparrado hombre se encogio de hombros; eran tan anchos, que le daban cierto aspecto de hombre primitivo.


- La verdad es que estamos investigando: el señor Acab Michaelson incurrio en faltas muy graves...



- ¡¡Pero si usted sabía de sus actividades y les dimos órdenes de ocultarlas!!



- ¡¡Lo que pasa es que todo salio a la luz pública; ahora debemos investigar y hasta usted está implicado!!



- ¡¿Acaso tambien eso significa que pedira permiso a las instancias correspondientes a que sus soldados hackeen las computadoras de Michaelson?!




- Es un deber patriótico; las fuerzas del orden deben lavarse la cara y el congreso le pedira a usted rendición de cuentas.




- ¡¿Acaso usted olvida que me pidio permiso para comprarle a Francia y a Rusia armamento con sobrecostos, usando de intermediarios compañías recien creadas para que ni yo ni usted aparecieramos como los interesados?!




- ¡¡Disculpe señor, pero el ejército brasileño está necesitado de armamento y los sobrecostos son para pagar salarios atrasados, de fondos que nunca fueron refrendados ni por contraloría ni el congreso!!



¡¡O para pagar los estudios universitarios de sus hij@s en Londres, París, Madrid y el estilo de vida de millonario que se da en los mejores hoteles de Brasilia y Sao Paulo!! ¡¡Y a sus queridas tambien!!



- ¡¡No mezcle mi profesionalismo con mi vida privada!!



- ¡¡Pero entiendes lo que quiero decir!! ¡¡Tú tambien tienes tus escándalos!!



- Con el debido respeto señor, mi hoja de vida habla del gran servicio que he brindado al país y mi salario como comandante en jefe me ha obligado a tomar ciertas medidas...



- ¿En contra de su ética? ¡Ja! No se haga el inocente Texeiras; en el fondo, usted es tan corrupto como yo.



Texeiras guardo silencio.



- No se preocupe, yo dare la cara en el congreso; tengo varios buffets de abogad@s que se encargaran de defenderme y demostraran mi supuesta inocencia; usted en cambio, no tiene tanta suerte. Le dare unas órdenes: declare al mundo que es mentira que Michaelson incurrio en crimen ecológico, que toda esa información se baso en un hackeo ilegal. La siguiente es: declare a Joe Lambada como el hombre más buscado de Brazil; que es el responsable de todo y lo quiero vivo o muerto.




- Lo he buscado durante años y lo he intentando todo; no he querido admitir que sobrevivió a Mattto Grosso para no causar pánico colectivo. Joe Lambada siempre ha sido tratado como asunto de seguridad nacional y ya es algo personal para mí.



- ¡¡Pues que yo sepa, aun no ha sido capaz de dar con su paradaero todos estos años!! ¡¡Haga lo que sea: tiene sólo cuatro meses para deshacerse de este tipo o sera relevado de su cargo y de manera deshonrosa!!



-¡¡Pero señor, mi lista de servicios al país...



- ¡¿Y eso qué?! ¡¡Su misión más importante en la vida es detener o matar a Lambada y ha fracasado!!
¡¡O lo hace o me vere obligado a...



¡¡Está bien, está bien!! ¡¡Lo prometo!!



¡¡Listo!! ¡¡Puede retirarse soldado!!



Lleno de furia colgo y estuvo a punto de tirar el teléfono a la pared cuando, de pronto, tuvo una idea: realizo una llamada. Al otro lado de la línea, la sensual voz de una  muchacha contesto.



- Familia Somoza ¿En qué le podemos ayudar?



- Jessica soy yo, Texeiras ¿Me recuerdas?



- ¡¿Dom Texeira, el amigo de mi papá?!


- ¡¡Así es!!



- ¡¡Necesita que lo comunique!!


- ¡¡No a Anastasio no!! ¡¡A su hija Verónica!!


La chica vacilo un poco; parecía incómoda ante tal petición. Sin embargo, tratando de mantener la cortesía, respondio.



- ¿Hay alguna razón en especial?



- ¡¡Claro que sí!! ¡¿Te acuerdas de Joe Lambada?!



Llorando se fue,
 El que un día me dejo su amor,


Llorando estara,
Recordando el amor,
Que un día no supo cuidar.


FIN



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