viernes, 16 de agosto de 2013

Un ninja en la corte del rey Arturo (10 parte)



Capítulo10



Noche de sombras

Cinnia estaba en carrera desesperada, pasando de los pasajes secretos a la sala donde estaba la mesa redonda, dando unos estridentes gritos de auxilio, sin que nadie la escuchara. Justo cuando estaba a unos metros de la mesa redonda, en medio de una tenue oscuridad, llevó sus manos a su cara y con un gesto de indignación dijo lo siguiente.

- ¡¡Claro, lo olvidé, hoy fueron las patronales de San Albano, todos están borrachos!!!, ¡¡estoy muerta, snif, snif, snif!!!

Sorpresivamente, una pequeña mano masculina le tapo la boca para después girarle la cara para que lo mirara, era Fukushu, vestido con un traje azul marino que ocultaba todo menos la faz de sus ojos, más ajustado al cuerpo que los anchos kimonos que solía usar. Él le hizo un ademán de silencio, al momento siguiente le susurro al oído.

- Sígueme, te voy a esconder de ellos.

Poco después, aparecieron en la sala Sir Douglas y Sir Percy, quienes se habían adelantado a Agravaine, estaban buscando a Cinnia con sus espadas desenvainadas.

-  Qué extraño, pensé que estaría aquí - se quejó Sir Douglas.

- Debe de estar, pronto morirá - dijo Sir Percy.

En ese instante, vieron llegar hacia ellos haces de brillo metálico que cortaban el aire, reflejadas por la débil luz de luna que dibujaban trayectorias lineales que aparecían en varias direcciones, dejando halos de luz plateada; eso fue lo último que vieron, ocurriendo todo en cuestión de segundos. Quedaron los dos, con los restos de sus cuerpos perfectamente cortados, regados por el suelo desparramando una alta cantidad de sangre. Por último llegó Agravaine, quien al ver a sus dos compañeros muertos en el suelo, soltó desfiante, espada en mano, la siguiente expresión.

- ¿Pero qué?, ¡¡qué manera de pelear es esta, sin siquiera dar un desafío, amparado en la oscuridad de la noche, muéstrate cobarde!!!!

- ¿Lo dice quien mata mujeres indefensas, para salvar su pellejo? - preguntó una voz parecida a la de Fukushu, en tono tenebroso.

- ¡¡Sabía que eras tú, enano amarillo, con tus cobardes tácticas de guerra, muestra tu cara para que arreglemos nuestras diferencias como caballeros!!!

- Ja,ja,ja,jaja, no soy un caballero y nunca he sido honorable, soy tu sombra, el dueño de tus pesadillas, soy la noche.

Agravaine comenzó a divisar una figura oscura que se movilizaba sigilosamente, de forma tal, que ninguna de las estocadas de su katana lo pudieron lastimar; aquella figura lo intimidaba constantemente y el caballero empezó a creer que peleaba contra un fantasma, de pronto, cuando menos lo esperaba, el corte de un arma misteriosa le rompió su reluciente katana haciendo que su filo cayera al suelo, mientras él entraba en un estado de pánico que trataba de controlar con férrea voluntad.

¡¡Mátame ya, si es lo que tanto deseas!!

- No quiero derramar tu mugrosa sangre en este respetable recinto, vete del castillo y no vuelvas - le advirtió aquella voz fantasmal.

Agravaine, con un leve temblor en todo su cuerpo, pero todavía desafiante, levantó su antebrazo derecho, mostrando su puño para decir lo siguiente.

- Te advierto una cosa, te arrepentirás de no haberme matado cuando podías. 

Se fue corriendo despavorido, de manera sigilosa para no hacer ruido. Después de eso, de las sombras oscuras de aquella gran sala, emergieron las figuras de Fukushu y Cinnia, quienes comenzaron un diálogo.

- Eso que hiciste hasta me llenó de miedo a mí, ¿de verdad eres sólo un mero embajador?
Fukushu vaciló un momento, luego dijo lo siguiente.

- No

Cinnia, que pese a que esperaba ese tipo de respuesta, se puso a la defensiva y le preguntó lo siguiente.

- Fukushu, ¿quién eres en realidad?, ¿acaso eres lo mismo que mi ex Agravaine?

- Yo sólo sirvo a mi emperador, vine a matar a Mordred y arrebatarle una espada.

Cinnia, al escuchar el tono frío y sombrío en que su hasta ahora amigo le hablaba, le respondió con otras preguntas.

- ¡¡¿Todo este tiempo nos engañaste, todos estos días en que pensábamos que eras de fiar?!!!, ¡¡¿acaso eres un asesino?!!!

- Esa respuesta debe esperar.

- ¡¡¿Qué soy para ti?!!

Al escuchar eso, Fukushu nuevamente vaciló, puso su espada rápidamente en la vaina de su espalda y respondió con semblante inexpresivo.

- Esa respuesta debe esperar, ahora debemos explicarles a todos lo que pasó aquí, la corte buscará una respuesta y un culpable.

- Está bien, esperaré, pero quiero hacerte una última pregunta, ¿sabías que Agraviane era un traidor?

- Primero lo sospeche, luego lo descubrí, lo que me incomodaba era que nunca dejaba rastro de lo que hacía, por eso hasta ahora no pude demostrar que él lo era.

- ¿Entonces por qué no lo mataste antes?

- A eso iba, era la noche perfecta, luego ocurrió lo tuyo y tuve que intervenir, ahora que él ha fracasado en su intento de asesinato matarlo ya no tiene sentido. Cinnia, por favor ve a dormir, yo voy a encargarme del otro de los tres que seguramente está en los pasadizos secretos.

- Espera un momento, antes de irme a la cama, te guiaré a donde está, yo conozco mejor que tú ese lugar...

Fukushu la interrumpió.

- Gracias, pero ya los recorrí los otros días, lo estuve haciendo por dos meses. Nos vemos mañana.

Días después, Sir Aldair tenía sujeto su cuerpo contra una rueda de torturas, ante la presencia de Arturo, el general Idris, Sir Lancelot, Sir Morgan y Fukushu, para ser interrogado. Arturo dijo lo siguiente.

- Eres más necio de lo que esperaba, pero te aseguro que no te durara toda la vida, ¿dónde está Mordred?

- Je,je, ¿que donde está su majestad?, esa pregunta está demás, porque Mordred ya no está en Gran Bretaña, sino al otro lado del estrecho, en la corte del rey de los francos. Arturo, siento decirte que tus días de reinado están contados, jajajajajaa,jajaajaajajajaja.

Esa noticia fue un verdadero balde de agua fría para los allí presentes, incluso Idris reaccionó de la siguiente forma.

- A diferencia de los sajones, los francos tienen una mejor caballería y están mejor organizados, nosotros en cambio, estamos muy ocupados batallando incursiones bárbaras como para hacer una leva y organizar un ejército numeroso, para lo que disponemos de poco tiempo.

- Cielos, ahora sí nos harán pedazos!!! - exclamó Sir Morgan.

- No mientras yo viva - dijo Arturo en tono entre arrogante y desafiante - ,vamos síganme, reunamos a toda la mesa redonda y a Merlín para organizarnos mejor!!!!

Casi al mismo tiempo, las fuerzas francas estaban desembarcando en las orillas del río Támesis, habiendo tomado control de la ciudad de Londres y áreas aledañas, cuyos habitantes ahora eran víctimas de los abusos de los invasores. En medio de las callejuelas Londres, Mordred y Agraviane caminaban, portando ambos sus armaduras excepto el casco, conversando sobre lo que había pasado.

- ¿Así que te descubrieron? - preguntó Mordred.

- Sí Mordred, ya no podré serte útil desde adentro.

Mordred meneó la cabeza con delirio y pronunció las siguientes palabras.

- Eso ya no importa, muy pronto el reino será nuestro, Arturo, Morgan y ese ninja estarán muertos.

Sin saber aún del peligro que se cernía sobre ellos, Arturo convocó con urgencia a todos sus caballeros de la mesa redonda, para abordar sus planes de guerra. Junto a él, parados los dos y en calidad de observadores, estaban el persa Idris y Fukushu, que oían a los honorables guerreros parlamentar.

- Como verán, mis esforzados guerreros, nuestro enemigo Mordred ha conseguido de aliado al poderoso rey de los francos, de manera tal que tenemos ante nosotros la difícil tarea de hacer una leva de hombres para combatir porque necesitamos formar un ejército. Sé que es mucho lo que pido, tomando en cuenta de que aún no sofocamos del todo las invasiones bárbaras, ¿cuántos pueden aportar cada uno?

Cada uno de los caballeros de Arturo, eran aristócratas guerreros, dueños de tierras y señoreaban sobre muchos vasallos, pero eran conscientes de que el estado de beligerancia permanente además del poco tiempo, estaban jugando en contra de ellos. Esto fue lo que parlamentaron con el rey.

- Cuento con diez mil vasallos, pero sólo podré aportar cuatrocientos - dijo Sir Sagramore

- Una peste en mi feudo ha diezmado a mis vasallos, apenas podré proporcionar cien cincuenta hombres en armas - mencionó Sir Yvain

- Apenas podré aportar mil hombres, Dios quiera que sea el día de hoy - comentó Sir Bedivere.

- Esto es desesperanzador - expresó Idris

En esa discusión estaban, hasta que apareció un joven mensajero, que trastabilló, dando una caída en el suelo, cuyo impacto pudo amortiguar al apoyarse en sus manos. Dijo lo siguiente respirando por la boca, con su cuerpo dejando escapar sudor.

- Jaf, jaf, jaf, mi señor, jaf, jaf, Mordred y los francos ya están aquí, jaf, jaf, han arrasado el sureste del país y están avan.....zando hacia acá. Jaf, jaf, apenas pude sobrevivir para advertirte.

Al escuchar esto, todos en la mesa redonda, incluyendo el rey, se levantaron de sus sillas, sin dar crédito a lo que escuchaban.

Pero Arturo, siempre desafiante, desenvainó su Excalibur y dijo.

- Eso, sobre mi cadáver, no pienso regalarle Camelot, voy a morir peleando!!!

A lo que Sir Bors contestó.

- Majestad, si me permite una sugerencia, deme quinientos de sus mejores hombres, junto con cien de mis vasallos que están conmigo, yo me encargaré de detener a Mordred en su avance, para que ustedes tengan tiempo de organizar un ejército.

Después de decir esto, desenvainó su espada.

Lancelot desenvainó su espada y anunció lo siguiente.

- Si es así, yo te haré compañía.

Arturo, que estaba consciente del peligro que representaba la espada de Sir Mordred, tomó la Excalibur entre sus dos manos extendidas, luego le dijo a Sir Bors lo siguiente.

- Toma mi Excalibur Sir Bors, esto te protegerá, cuídala con tu vida.

Sir Bors tomó la espada e hizo una reverencia.

- Gracias mi señor.

Los siguientes que se ofrecieron fueron Sir Gawain, Sir Gaheris y Sir Gareth, todos hijos del rey Lot de las islas Orcadas, además de hermanos de Agravaine. El que habló por todos fue Sir Gawain.

- Si nos permite rey, nosotros quisiéramos vengarnos de nuestro hermano Agravaine, su traición ha manchado el buen nombre de nuestra familia.

Esto último puso a pensar un poco a Arturo, que llevó su mano izquierda al mentón, en señal de que estaba pensando, luego respondió.

- No, ustedes no, guarden su ira para la batalla final, allí tendrán la oportunidad de vengarse. El resto de ustedes, tomen sus caballos y sus pajes, vayan a sus respectivos feudos, los quiero de vuelta en tres días aquí en Camelot con las fuerzas que hayan podido reunir. A propósito, ¿donde están Sir Kay y Sir Morgan?

Ellos no sabían que unas horas antes, ambos guerreros fueron a una taberna, para olvidar la depresión que tenían ante su inminente fin. Los dos estaban agarrados de hombros, mientras charlaban lo siguiente.

- Hic, salud Morgan, que buen amigo eres, hic!!!!

- Oye tabernera, hic, tráenos más cerveza y por favor regálanos un beso, hic!!!

La linda muchacha les respondió, derramándoles la cerveza en sus cuerpos.

- ¡¡Allí tienen su cerveza, partida de cerdos!!!

- ¡¡Hic, gracias mi amor, hic, esta cerveza está riquísima, como tú!!! - contestó Sir Morgan -, oye Kay, no sé por qué en la corte dicen que eres un pesado, tú me pareces tan agradable, hic!!!

- Lo que pasa amigo, ¡¡¡hic!!!, es que en la corte de mi hermanastro, todos son una partida de aburridos sin sentido del humor, hic!!!!

- Brindemos porque se está acabando todo, ¡¡hic!!!, a celebrar nuestra masacre, salud!!!

- ¡¡¡Salud!!!

Ambos chocaron sus jarras, tan fuerte, que buena parte de la cerveza se salió del recipiente, luego al llevarse los tragos a la boca, se les derramó el resto del líquido en la cara. Al rato, los dos cayeron de sus  asientos.

Horas después, llegó Fukushu a dicha taberna, montado en su caballo, a buscar a Morgan y a Kay, que justo en ese momento, eran sacados de la taberna por dos hombres, que les agarraban sus brazos y piernas, sólo para tirarlos afuera, cayendo a los pies de Fukushu. El ninja preguntó.

- ¿Por qué los tratan de esa manera?

Uno de los hombres contestó.

Llevan varias horas tomando tragos, no hacen más que causar problemas.

Entonces, Fukushu comenzó a dar pataditas a los cuerpos de ambos.

- ¡¡¡Morgan, Kay, despierten, es hora de la próxima batalla, los necesitamos!!!

- ¿Estás soñando lo mismo que yo?, hic!! - preguntó Morgan a Kay.

- ¡¡Hic!!, no Morgan, ¿qué es?

- Estoy soñando que un hombrecillo de ojos rasgados y color amarilloso pálido me está pateando mi cuerpo, hic!!!!

- Esto no va a funcionar - se lamentó Fukushu.

No tuvo más remedio que ponerlos en los lomos de su caballo, coger las riendas a la vez que caminaba, para transportarlos a través del pueblo en busca de una posada, hasta que encontró una más o menos decente, dejando atónito al posadero, que al ver la pestilente carga, dijo lo siguiente.

- ¿Y esperas que acepte semejante escoria aquí?

La respuesta de Fukushu fue darle una chácara, repleta de monedas de oro y algunas piedras preciosas.

- Esto es demasiado dinero por esos pordioseros.

- Cuídelos por favor, al menos esta noche, mañana volveré por ellos.

Luego de esto, Fukushu se retiró.

Sucedió que al día siguiente, Sir Bors y sus fuerzas, apoyados por Sir Lancelot además de Fukushu a hurtadillas, sorprendieron a las fuerzas de Mordred con una hábil emboscada, cerca del pueblo de Viroconium (hoy la actual Worcester), siendo el principal héroe Sir Bors, quien peleó valientemente contra un ejército muy superior. La victoriosa escaramuza apenas bastó para detener a Mordred en su avance, dejándolo en las afueras de Viroconium.

Cuando la pequeña fuerza de Sir Bors regresó a Camelot una mañana, un día y medio después, apenas quedaba la mitad de ellos, bastantes de ellos malheridos, incluso Lancelot tuvo alguna que otra herida. Pero quien llevó la peor parte fue Bors, que tenía numerosas heridas y una pierna hinchada a la que tuvieron incluso que suturar; estaba montada en su caballo, con Lancelot llevando las riendas y justamente al llegar a la presencia de Arturo, que estaba acompañado de numerosos soldados, además de una muchedumbre, dejó la Excalibur caer, luego estuvo a punto de caer él mismo, algo que evitó el propio Arturo, que lo llegó a sostener.

- Fue una batalla muy dura, Bors peleó con valor, aunque si no hubiese sido por una sorpresiva intervención de Fukushu, él hubiera muerto.

- ¡¡Pronto, auxilien a Sir Bors!! - ordenó Arturo.

Al instante, dos pajes, cargando a ambos extremos una litera, se acercaron rápidamente hacia donde estaba Sir Bors, para colocarlo en ella, llevándoselo en el acto.
¡¡Atiendan a los demás!!

De en medio de la gente, Cinnia salió despavorida, para abrazar a Fukushu, quien apenas tenía unas cortaditas en la parte superior del cuerpo, junto con dos en la cara; incluso tenía la ropa que le cubría esa parte del cuerpo hecha jirones, mostrando su bien tonificada musculatura. El joven sintió la presión y el calor del robusto cuerpo de la muchacha, sorprendido porque era la primera vez que tenían contacto de esa forma.

- ¡¡Fukushu!! - expresó ella, rellenándole de besos la cara-, ¡¡Fukushu, estás vivo!!

El joven, que se sintió halagado, no quiso demostrar lo que sentía, de modo que se hizo el inexpresivo, con algo de amabilidad. Él la apartó de modo sutil, para seguido decir lo siguiente.

- Estoy bien, necesito un descanso.

- Tal vez, pero deja al menos que te atienda algunas de tus heridas.

- ¡¡Cinnia, ven acá, necesitamos ayuda con los heridos!! - exclamó una voz como de matrona, que sonaba muy persistente.

Cinnia volteó la mirada.

- Ya voy espérenme un momento!!, Fukushu, ¿no deseas atenderte tú también?
- No te preocupes, estaré bien, tú, atiende a los otros.

            Mientras iba caminando a la fortaleza de Camelot, vio por el camino a Arturo conversando con la reina Ginebra, a quien le puso su imponente mano derecha sobre su hombro en medio de aquella ocupada multitud.

- En caso tal de que me pase algo, tú cuidaras de Camelot

-Espero que eso no tenga que ocurrir.

            Ella se abalanzo sobre él para besarlo, él tuvo que levantarla en brazos para facilitarle la labor. El ninja rememoró un recuerdo de una noche anterior, cuando observo a Lancelot y Ginebra caminar por uno de los pasajes secretos de la fortaleza iluminados por antorchas, ambos caminando agarrados de las manos hasta detenerse quedando frente a frente.

- Amor, esto me hace sentir culpable, Arturo es mi amigo

            Ginebra llevo su mano derecha hacia el pecho de él

- Lo sé, pero mi corazón ha sido partido en dos por una espada más poderosa que Excalibur.

- Es esta pasión desenfrenada que nos consume el alma y nos atormenta peor que el infierno.

- No hay nada de malo en eso Lancelot, ambos complementan mi vida.

-Lo sé, pero por el bien de Arturo y del reino hay que  guardar este secreto, es nuestra mayor muestra de amor hacia él.

            Se besaron apasionadamente.

-Esto quedara entre nosotros, lástima que no lo pueda saber.

Fueron caminando por los pasillos hasta desaparecer de vista, luego segundos después una sombra se proyectaba por la luz de las antorchas en sentido contrario a la que ellos caminaron deslizándose por el suelo como alma en pena, hacia el mismo lugar en que estuvieron parados y luego el cuerpo de la que emanaba caminó desde esa misma dirección como si nunca lo hubiesen visto llegar hacia ellos, quedando una figura enmascarada con su traje azul marino que le cubría todo menos las manos y la faz de los ojos estático en el mismo punto en que ellos hablaron; era Fukushu, quien ahora los miraba a sus espaldas.

            El recuerdo se fue de su mente para volver a la realidad y observar a Arturo con Ginebra.

-Espero que eso no tenga que suceder, te amo Arturo.

-Igual yo, por eso te juro que saldré victorioso

- Si lo supiera, el reino se vendría abajo antes que Mordred lo haga, pero no dire nada – pensaba Fukushu - , no es mi problema, sólo cumplir mi misión.
            Por un momento Ginebra y Arturo tuvieron la sensación de que los estaban espiando, por lo que ambos giraron sus cabezas a la vez hacia la dirección en donde estaba Fukushu para no ver a nadie, después se dieron un último abrazo. Fukushu continuó su marcha imparable hacia la fortaleza.

Al atardecer, luego de la sorpresiva emboscada que sus enemigos le habían asestado, Mordred y Teodorico, rey de los francos, dialogaban sobre las acciones a seguir. Entre tanto, sus hombres hacían piras funerarias con los muertos y auxiliaban a los heridos, además de establecer el campamento allí en Vinoconium.

- Esos caballeros de la mesa redonda son unos osados - comentó Teodorico - , con lo poco que tenían, nos lograron detener.

- Teodorico, aliado mío, ellos sólo están retrasando lo inevitable, pronto caerán derrotados por nuestras fuerzas y así tendrás el sureste de esta isla, tal como acordamos.

- Espero que esta alianza haya valido la pena - concluyó Teodorico.

Muy cerca de allí, a unos cuantos kilómetros, Arturo estableció su campamento, luego de haber conseguido el mínimo de fuerzas requerido para entablar batalla. Al anochecer, en su tienda de campaña, planeaba junto con Idris, el resto de los caballeros de la mesa redonda y Fukushu como observador, los planes de batalla, mientras observaban un mapa de Gran Bretaña, que estaba sobre una sólida mesa iluminada por unas cuantas velas.

- Debemos dar gracias a Dios que los francos no cuentan con una buena flota - dijo Idris - , por lo que sólo han podido crear dos cabezas del playa, una aquí en Dumonnia (actual Plymouth, sur de Gales) y la otra en Londres. Sabemos de la existencia de la primera porque cuando Sir Glen y sus pajes fueron camino a su feudo del suroeste, siguiendo las directrices reales de buscar más hombres para combatir, se encontraron con una avanzada de ellos, entablando un feroz combate que les hizo creer a sus enemigos que se encontraban ante una fuerza muy superior, de manera que ese único suceso salvó a Camelot de ser tomada, además logramos varios prisioneros a quienes pudimos interrogar para conseguir esa información. Lo que es extraño es, que Mordred no haya o no lo dejasen comandar aquella fuerza.

- Lo que creo, conociendo a mi hijo, es que se siente muy seguro de su fuerza como para ser más precavido - añadió Arturo -, tal vez siente que con esa espada que tiene podrá con mi Excalibur, eso está por verse.

- Otra cosa que sabemos es que el rey franco no es tan poderoso como pensábamos, ya que Teodorico es sólo uno de los tres hijos entre los que el difunto Clodoveo dividió su reino - continúo Idris.

- No subestimemos a los francos, mi querido amigo persa, mi padre Uther Pendragón tuvo que contender con ellos, no son rivales fáciles- dijo Arturo -, además Teodorico no estaría aquí sin algún ofrecimiento previo de Mordred de darle parte de mi reino, lo que lo colocaría en una situación ventajosa ante sus hermanos para reunificar su patrimonio dividido. Es bastante claro que aquí el que tenga la mejor caballería ganará la batalla, los francos tienen una buena infantería pesada y aunque tienen caballería, no es mucho mejor que la nuestra; Gawain tú comandarás el ala izquierda, Lionel, la derecha, yo estaré con el grueso de las fuerzas en el centro, en primera fila.

- Majestad, ¿se olvidó de mí? - preguntó Lancelot.

- Lancelot, no es que te haya olvidado, es que tú te encargarás de comandar la fuerza que detendrá al otro ejército que viene del frente de Dummonia, Sir Ladinas, Sir Sagramore y Sir Kay te harán compañía. Idris, ¿están listas las balistas y catapultas?

- No hemos tenido tiempo de ensamblar muchas, pero lo compensaré estableciendo las que hay en lugares estratégicos.

- Bien - terminó Arturo.

No había terminado el debate, cuando Fukushu se retiró de la tienda del rey, topándose con Sir Morgan, que casualmente estaba al frente suyo, practicando su destreza con la espada golpeando un muñeco de paja, de los que había en el campamento, que estaba soportado por un palo de madera clavado en el suelo.

- Hace dos días estabas de farra, hoy te veo muy concentrado.

A lo que Morgan contestó

- De verdad lamentó lo del otro día, me dejé llevar por mis miedos, ahora dejaré que la ira tome su lugar, sólo así me podré vengar de mi hermano.

- Así se habla - continúo Fukushu, dándole una palmadita en el hombro.

- Ayyy, no hagas eso!!!, ese es el que todavía me duele!!

- Je, je, perdón, sigue entrenando.

Ya bien entrada la noche, Fukushu se puso su traje azul marino con su respectiva máscara, estaba decidido a no esperar la batalla para acabar el asunto, iría hacia el campamento de Mordred. Se movió con sigilo para evitar despertar a los otros, siendo sorprendido por alguien, quien habló con voz femenina, apenas audible.

- Fukushu, ¿a dónde vas?

- Cinnia, ¿qué haces despierta?

- Es que no he podido dormir, la tensión de la batalla de mañana me ha causado insomnio, ¿y tú?

Él no sabía cómo decírselo, lo iba a intentar.

- Voy al campamento de Mordred, debo terminar con esto de una vez por todas, lo mataré y le quitaré la espada Ryu.

La muchacha, al oír esto, lo agarró por los brazos y le dio una buena sacudida.
- No hagas eso, te van a matar!

- Cinnia, sé que no te he contado todo, pero lo haré cuando todo esto termine, te prometo que volveré.

- ¿En serio?

- Sí
Ella le dio un fuerte abrazo, con el que levantó el cuerpecito de Fukushu unos cuantos centímetros del suelo y le dio vueltas con él contra su cuerpo comos si fuera un muñeco de trapo.

- Eso espero.

- Antes de irme tengo algo para ti, por favor no hagas ruido.

La guió hasta su propia tienda de campaña, allí buscó su carcaj de arcos y flechas, para entregárselos a ella.

- Ten, esto te ayudará a dormir tranquila mañana, cuando se dé la batalla y tú y las demás mujeres estén detrás para auxiliar a los hombres; te protegerás a ti y a las otras con las flechas pero sólo cuando se encuentren en peligro, úsalas tal como te enseñé, ¿alguna duda?

- Para nada, gracias Fukushu - exclamó ella mostrando su reluciente sonrisa.

- Si tengo éxito esta noche, no tendrás que usar eso mañana.

- Quiero creer que sí, de todos modos vuelve.

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