lunes, 23 de enero de 2017

Año dragón, 2da parte






La marca del destino


Pasó el tiempo y los padres de Yara se preparaban para su próxima expedición por el Tibet. Entre aprovisionamientos y entrenamientos marciales con los monjes guerreros, en los que la propia Yara participaba, hasta que un día, muy temprano, en lugar de ir al entrenamiento matutino, fueron hasta donde se encontraba el rimpoche Jangbu, vestidos con sus ropas y equipos de alpinistas.


- Veo que hoy no van a entrenar con nosotros.


El hombre dijo


- Sí, maestro Jangbu, hoy es el día, vinimos a hacer nuestro trabajo científico, por eso nos ausentaremos por un tiempo, pero dejaremos a nuestra hija a su cuidado.


- Cariño, sé que esto nos retrasara un poco ¿Pero podemos verla antes de irnos?


- No sé si es recomendable, ella va a empezar a pedirnos que la llevemos con ella y eso es muy peligroso.


- Por favor.


- Creo que ambos deben despedirse de su pequeña, no querrá que la descorazonen de esa manera.


El hombre accedió diciendo.


Está bien, de todos modos, ya hemos arreglado todo con usted en caso de que no podamos volver.


- Ella está en el campo de entrenamiento, síganme.


- Querido, se nota que ella nació para esto.


- Sólo espero que no se lastime mucho.


Al llegar allí, vieron a la niña en un duelo de artes marciales, contra un joven monje de más edad y por lo tanto mucho más grande que ella, pero durante del fragor del combate, la elusiva contrincante aplicó una llave similar a una de judo, que logró sacar de balance al rival, derribándolo en el suelo. 


Luego de su derrota, el monje se levantó con una agilidad de mosca y saludó a la niña con uno de esos corteses, aunque distantes saludos orientales, lo que la niña contestó de igual forma. Después de ello, el joven monje se sentó en flor de loto junto a sus otros compañeros de práctica. Sin necesidad de que le avisaran, la niña giró la cabeza hacia el viejo rimpoche y sus padres, quienes la habían observado con atención.



- ¡Papi, mami, gané! ¿Por qué llegan tarde al entrenamiento? ¿Por qué están vestidos así?



Ella fue primero a donde su mamá, que la abrazó con mucha ternura y luego el padre las abrazó a las dos.



- ¿Papi, mami, por qué no me llevan? - dijo con una cara de gatita desconsolada.



Su madre contestó.


- Hija mía, sé que quieres venir con nosotros, pero ese viaje es muy peligroso; te dejaremos aquí para que estés a salvo con el lama Jangbu. Él te cuidará mientras estamos ausentes.



La niña miró hacia arriba, con sus ojos fijos en los de Jangbu, cuyo rostro y mirada le trasmitían seguridad. Luego se abalanzó hacia el monje, quien con sus vigorosos brazos la cargó hacia su cara, siendo correspondido por un abrazo en su cuello por parte de ella.



- ¿Podrá cuidar también de mis padres?



- Le pediré a Buda que los proteja todos los días, en mis oraciones. Pueden irse.



Volveremos en menos de un mes.



- ¿Lo prometes papá?



- Lo prometo.



A ella le tocó ver, cargada por el monje, cómo sus dos seres más queridos avanzaban lentamente, hacia las pesadas puertas que estaban siendo abiertas por dos jóvenes y musculosos monjes.



Semanas después.



Mientras el monje Jangbu estaba en posición de flor de loto dentro de su círculo de oración, tuvo una visión con sus ojos cerrados.



Era de los padres de Yara.



- Cariño, jaf, jaf, estoy bastante cansada ¿Cuando llegamos?



- Calma Mara, nos falta poco, unos treinta metros, ya casi.....



- ¡Cuidado, avalancha!



Rápidamente, ambos fueron cubiertos por una gruesa capa de nieve, luego de lo cual la visión del monje se desvaneció, quedando sus ojos en la misma oscuridad con que había empezado a meditar.



El rimpoche abrió los ojos, con el cuerpo en la misma posición, como si no hubiera pasado nada, pero la mirada de sus ojos se debatía entre la angustia y la tristeza, siendo observado en ese momento por la pequeña Yara, que estaba a la entrada del recinto.



- Maestro Jangbu ¿Qué le sucede?



Se le acercó, como si supiera lo que estaba pensando y lo abrazó con cierto desconsuelo, lo que hizo que el viejo monje sintiera los latidos de su corazón.



- ¿Tuvo alguna visión de mis padres, les pasó algo?



- Hija mía, a veces el destino permite que nos sucedan cosas, pero es con el único fin de poder acercarnos cada vez más al nirvana y eso toma tiempo.



- ¿Papi y mami están en el nirvana?



- Tal vez sí, tal vez no, pero recuerda que no importa donde estén, o si ellos volverán, siempre estarán allí en lo profundo de tu corazón. Ahora vé a dormir, luego te daré unas clases de meditación vipasana.



- Snif, gracias, oh gran rimpoche.



Quince años después.



En el gran salón del templo, un numeroso ejército de monjes estaba en posición de firmes alrededor de una figura femenina de aproximadamente un metro sesenta, robusta y muy musculosa para su edad, piel ligeramente canela y cabello castaño. En el muro del fondo, flanqueado por dos monjes de aspecto feroz, estaba sentado el gran lama, que a pesar de su edad, se veía más entero que un roble. 



El hombre dijo algo en tibetano, a continuación, todos los monjes hicieron reverencia a la niña, ella dio vueltas devolviéndoles el saludo, para luego dar inicio a un intenso combate cuerpo a cuerpo, todos ellos contra la pequeña.



Sin embargo, por mucho que todos ellos se esforzaron por realizar un efectivo ataque masivo, ella, con su agilidad y fuerzas casi sobrehumanas, pudo bloquear hábilmente cada uno de los golpes y patadas que le trataban de propinar, evitando que se cerraran en torno a ella a la vez que daba golpes y patadas con una intensidad aún mayor que la de sus contrincantes. Era tanto el frenesí de la batalla, que no se dieron cuenta de que pasaron tres horas de cruenta lucha, con el rimpoche y sus guardianes, observándolo todo con la estoicidad de una estatua. Por fin, tras vencer la resistencia de la chica, le cayeron todos de forma masiva hasta que, de pronto, se comenzó a formar un pequeño abultamiento en el centro de esa masa humana y luego de esto, todos esos hombres salieron volados hacia todas direcciones, golpeándose entre ellos o contra las paredes del recinto dejando sola a Yara parada en el centro, parada como una pequeña colosa, con una sonrisa de delirio, los brazos robustos extendidos y los puños cerrados. El combate había terminado, con la mayoría de los monjes inconscientes y los que no estaban muy lastimados, en cambio ella, estaba tan entera como cuando comenzó el combate. Por suerte, el rimpoche Jangbu y sus colegas no fueron derribados por los cuerpos de ellos; éste último uso su fuerza chi para desviar la trayectoria de esos proyectiles humanos.



Dijo el viejo rimpoche


- Traigan la plancha al rojo vivo



Sobre una gran bandeja de bambú, un alto y robusto monje ponía frente a ella, una plancha de metal al rojo vivo, con las figuras del tigre y el dragón de izquierda a derecha.



- Yara, ésta será tu última prueba, una vez completada serás uno de nosotros.



Ella le contestó con un gesto de reverencia.



- Sí viejo maestro.



Ella puso sus manos sobre las planchas de hierro, que lejos de provocarle una leve sonrisa de dolor, no interrumpió su actitud ambigua en indiferente, como si el vapor y el sonido de quemadura provocada por la plancha caliente le pasaran desapercibida.



Finalmente la muchacha, mostró a todos sus compañeros y al rimpoche las marcas del tigre y el dragón en sus manos, siendo contestada por los reverentes saludos de los monjes.



- Bien Yara, has completado tu entrenamiento, tus padres estarían orgullosos de ti.



La joven vacilo por un momento como si sintiera que algo le hacia falta, lo que hizo que el maestro hablara.



- De hecho superaste todas mis expectativas.



- Gracias viejo maestro, ahora si me disculpa, voy a realizar mi servicio preparando el té de mantequilla de yak -saluda de manera tibetana.



Uno de los monjes que flanqueaban al anciano le dice



- ¿Que no piensa decirle la verdad?



- No es necesario, su destino se le revelará por sí sólo.



Y en la media noche, Yara tuvo unas pesadillas muy feas, que incluían un calendario chino con figuras de ámbar, además de una bestia de forma ambigua, inmensa y muy amenazante, lo que no la dejó dormir, por lo que fue a despertar al viejo rimpoche para consultarle sobre eso.



- ¡¡Maestro, maestro!!



El anciano se despertó como si realmente nunca hubiese estado profundamente dormido.



- Mi pequeña Yara  ¿Qué sucede?



- Tuve el mismo sueño horrible por tercera noche.



- A ver, cuéntame lo que viste.



La muchacha lo contó todo como si realmente lo estuviera viviendo



- Lo que viste, hija mía, es sólo un fragmento del terrible sufrimiento que le espera a la humanidad, a manos de Mara, el devorador de mundos.



Yara vacila por un momento.



- ¿Esa es la bestia que vi?



- Sí, Mara, el devorador de mundos, vive en una universo alterno, cuyo espacio infinito es ocupado por su inmenso cuerpo. Cada mil años, la bestia penetra a otro universo alterno, devorando todo lo que hay a su paso y haciéndose cada vez más grande; en eso dedica toda su existencia.



- Entonces ¿Ese es el fin de nuestro universo?



- No es así de simple, hace dos mil quinientos años, el gran Buda, previendo que se acercaba, encomendó a doce sabios astrónomos construir un talisman, consistente en un tangram dorado con incrustaciones de ámbar y doce estatuas de jade.



- El calendario budista.



- Te felicito, tu intuición es muy aguda, pues bien, el calendario budista tiene una doble función, establecer un ciclo de doce años a partir de la fecha de su creación, siendo el año del dragón aquel en el que se supone que aparecerá Mara, que es cada mil años....



- Y yo que pensé que el año del dragón era un año bueno.



- Lo es, pero también ocurren grandes cambios, aunque a veces necesitan ocurrir de forma caótica, de eso te explico en un momento; ahora te diré su segunda función, que consiste en que el calendario debe levitar en el aire, buscando que su espejo de plata central refleje el rayo sincronizador del centro de la galaxia, que aparece cada mil años, para reflejarlo al norte, donde se abre el portal por el cual penetrará Mara a nuestro mundo.



- ¿Qué tiene que ver esto conmigo?



- Querrás decir contigo y otro elegido.



- ¿Hay otro?



- Sí hay dos, dos niños nacidos en el año del dragón; ambos representaran las fuerzas del Ying y del Yang, porque tal como lo dijo Buda, dentro de más de dos mil años, el equilibrio en el mundo estará desbalanceado, producto de la maldad humana, lo que fortalecerá el poder de Mara, arrasando con todo a su paso.



- Eso explica por qué somos dos, porque en el tiempo de Buda no se necesitaba tanto poder para detenerlo.




- Has deducido bien otra vez, Yara, siempre supe que fuiste una de las elegidas desde que entraste al monasterio con tus padres y escuché tu nombre, Yara suena a Yang.



Yara puso una expresión de sorpresa y se señaló a sí misma.



- ¿Yo, maestro?, pero si sólo soy una chica, también pudo haber sido alguno de sus valientes monjes guerreros.



- Yara, el destino nunca se equivoca, el universo es como un gigantesco juego de *go, donde a cada quien le toca ser una ficha que las fuerzas kármicas utilizan para mantener la armonía en el universo. Cuando tus padres llegaron al monasterio, estaban exhaustos y casi moribundos por el espinoso viaje que les tocó vivir, tú en cambio, dormías como si no te preocupara lo que pudiera pasar; ni parecías asustada. No eras una niña común.



Yara puso una cara de melancolía y miro hacia abajo.



- Mis padres....



El rimpoche le puso su huesuda mano en su robusto hombro y le dijo lo siguiente.



- Yara, si estuvieran aquí estarían orgullosos de la poderosa mujer en la que te has convertido.



Ella sólo se limito a enjugarse los ojos húmedos con sus dedos, luego dijo.



- Gracias, pero no quería dejar que usted me viera así, siento que lo he defraudado, un guerrero no debe dejarse llevar por estas emociones.



- No te lamentes Yara, es parte de tu humanidad, es mejor que no la abandones o sino sólo serías una asesina a sangre fría.



- Ahórrese los sermones para otra ocasión maestro Jangbu, usted me ha entrenado muy duro para momentos como éste, pues bien, sé que necesito encontrar a la persona que represente el ying del yang, además de buscar las piezas de jade y el tangram de oro.



- Oh mi querida Yara, tú siempre tan impetuosa pero no me extraña, está bien, te lo explicaré, quien quiera que represente la fuerza Ying que te complementa, está conectada contigo por un cordón síquico....



- Como si fuéramos almas gemelas...



- Yo diría como dos siameses, por lo que puedes establecer una comunicación telepática con esa persona, logrando descubrir quién es; en cuanto a las doce piezas, sólo debes buscar las piezas de jade, nosotros tenemos el tablero con espejo.



- ¿Cómo fue posible?



- Buda nos lo dio, para que nunca cayera en las manos equivocadas, en cambio, aquellas piezas las encontraras, siguiendo el rastro de las diversas crisis que se producen en el mundo. Veras Yara, el año del dragón es el más próspero, pero a la vez el más inestable, es por eso que los mayores terremotos de China y tifones ocurrieron en un año dragón, de allí que las reliquias, que estaban protegidas por una maldición impuesta por el propio Buda, desaten su intenso chi.



- ¿No se supone que esas reliquias traen buena fortuna?



- Adoro tu suspicacia, pero respondiendo a tu pregunta, es que esas reliquias fueron creadas bajo el símbolo zodiacal del dragón, que no es ni bueno ni malo; es sólo una fuerza universal que desata cambios, cambios tanto para bien o para mal, pero es para purificar a la raza humana y acercarla cada vez hacia una mayor evolución como especie, mas aquellos que no estén listos para aquellos cambios, simplemente morirán.



- Pero eso es muy malo.



- ¿Que no recuerdas cuando estudiaste la teoría de la evolución en la escuela?, Sólo el más apto sobrevive a la selección natural. Las reliquias desatarán fuerzas que provocarán cambios de conciencia, tanto para bien como para mal, siempre con un mismo fin, avanzar la evolución humana.



- Hay varios puntos en el mundo en donde hay crisis, sólo tendré que leer las noticias y empezar a buscar.



- No te será tan sencillo, hay una secta, los guerreros de la sombra, los espectros de Mara, quien les ha prometido la inmortalidad a cambio de destruir las reliquias, pero no las han encontrado aún, porque la maldición del Buda puede matar o enloquecer a quien se acerque. Por eso han esperado más de dos mil años a que se desvanezca para comenzar a buscar.



- Debo encontrar a mi Ying.



- Ponte en posición de flor de loto y medita, así descubrirás su identidad.



La niña hizo lo que el anciano dijo.


*Juego de tablero chino, una mezcla entre damas y ajedrez, en donde se busca controlar mayor espacio con menor número de fichas.

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