jueves, 12 de enero de 2017

Año Dragón, 1ra parte






Prólogo
Hace varios eones atrás, Mara, un ser todopoderoso de un tamaño casi infinito, devorador de universos, se abría paso por el umbral del tiempo para penetrar en el nuestro y alimentarse de forma voraz de toda la materia que encontrara a su paso. Pero Buda, en su vasta sabiduría, logró determinar unos años antes su llegada, coincidiendo con un año del dragón; fue entonces que se postró en el suelo de su dojo rogando al Emperador de Jade, la mayor deidad del cielo, que le enviara una señal, una muestra de que no abandonaría a la humanidad en su hora más oscura.


Y la señal cayó del cielo en la forma una gran roca de jade, verde esperanza y fue entonces cuando el noble buda encomendó a doce monjes la tarea de forjar algún tipo de talismán con aquella roca, para poder contrarrestar a aquel poder que amenazaba nuestro mundo. Los monjes, que eran unos avezados astrónomos, determinaron que no sería uno, sino doce piezas en las que debían estar dibujadas las figuras de las doce constelaciones sagradas, celosas, guardianas del orden cósmico y poner aquellas figuras sobre un tablero I Ching con un espejo circular en su centro, naciendo así el primer calendario budista. Con las piezas en su lugar y las constelaciones, la tierra y el centro de la galaxia estuvieran alineados, las piezas absorberían el poder de las doce constelaciones, haciendo que el tablero levitara en el cielo alineándose con el rayo proveniente del centro de la galaxia -un rayo sincronizador que venía cada ciertos miles de eones-, reflejando su luz hacia la puerta dimensional que intentaba abrir Mara logrando impedir su entrada; así fue como finalmente se detuvo a la voraz criatura.


Pero como el ying y el yang deben estar permanentemente enfrentados para que el universo no sucumba al caos la maldad de Mara volvería a resurgir, esto lo sabía muy bien el Buda, quien predijo poco antes de morir que más de dos mil años después, la criatura volvería a amenazar a nuestro universo en un año de dragón y que sólo dos jóvenes, también nacidos bajo aquel signo junto con la ayuda del calendario de doce piezas, detendrían al engendro. Pero para evitar que este calendario cayera en malas manos, el Buda, desde su lecho de muerte, pidió a doce discípulos que se llevaran las doce piezas a doce lugares del mundo para evitar que cayeran en malas manos y así hacer posible que se detuviera a Mara. Desde entonces, aquellos que conocen la profecía, saben que el calendario budista es realmente la forma de medir el tiempo que falta para que Mara vuelva a tratar de devorar a nuestro universo.


Han pasado varios eones, es decir, más de dos mil años, es el tiempo en que se debe cumplir la profecía de Buda. Comienza una nueva leyenda....



Capítulo 1
La escalada
Escalando entre los estrechos desfiladeros, precipicios verticales y el viento frío e implacable del Himalaya, una pareja de escaladores, uno de ellos con una pequeña niña como de tres años, sujeta a su espalda con una especie de arnés, trataba de abrirse paso en aquel paisaje peligroso. El primero que habló tenía voz masculina.

- ¿No crees que hubiese sido una buena idea dejar a la niña en casa?

- ¿Dime con quién? Nuestros padres son demasiado viejos, no conocemos a nadie confiable y además este trabajo nos va a tomar años, pensé que ya habíamos hablado de eso.

- Lo sé querida, es que no pensé que nos quedaríamos varados aquí, a más de siete mil metros de altura... un momento ¿Ves eso que está allá?

El hombre señaló con su brazo derecho levantado lo que parecía ser un monasterio, pero sobre la cima de un risco accidentado y casi vertical.

- Parece un monasterio, pero ese desfiladero parece difícil de escalar – dijo jadeante -.

A continuación, el hombre también jadea.

- Lo sé, son como dos mil metros más, pero debemos intentar llegar, o tratamos de acampar en medio de estos parajes imposibles.

- Por esta vez tienes razón cariño, pero no he cambiado mi opinión de que eres un hombre necio.

- ¿Y Yara? ¿Sigue dormida?

- No ha despertado desde que comenzamos a subir hace cinco horas, es como si nada la perturbara

- Aunque estoy sorprendido, no voy a comentar esto ahora; debemos subir hasta ese monasterio.


Al llegar allí, tocaron las gruesas puertas y antiguas puertas, esperando respuesta, siendo respondidos por una voz juvenil.


(Traducido del tibetano)


- ¿Quien anda allí?


El hombre responde de manera entrecortada


- Jaf, jaf, somos una pareja de científicos con una niña de tres años, necesitamos refugio.


Al mismo tiempo, en la terraza del mismo monasterio, un monje de menor rango hablaba con otro, que por la forma de vestir se deducía que era su superior.


- Maestro Jangbu ¿Está observando el paisaje?


- No exactamente mi joven lama, aprovecho el débil resplandor del sol en medio de esta niebla, para observar su alineación en el horizonte.


- Lleva varios días y noches haciendo lo mismo.


- La alineación de los planetas, en orden progresivo año tras año, están señalando el cumplimiento de una próxima profecía para la que faltan pocos años.


El joven quedó perplejo.


- ¿Profecía? ¿Es eso bueno o malo?


- Mi querido lama, eres demasiado joven para saberlo, pero te lo voy a contar, sí, existe una antigua profecía, difundida por el propio Buda, el regreso de Mara, el devorador de mundos.


- ¿Mara? Recuerdo que mis padres me amenazaban con él cada vez que no conciliaba el sueño.


- Mara existe, es una fuerza muy poderosa, es el caos, la fuerza yang que viene a traer orden a nuestro universo, que no te hagan creer que es una desgracia, es sólo un mal necesario que debe ser equilibrado por una fuerza igual de poderosa. Casualmente los astros me dijeron anoche que hoy recibiría una señal, el comienzo de una nueva esperanza.


- Usted habla como si eso fuera a ocurrir ahora.


- Es precisamente por eso que hoy me levanté más temprano que de costumbre, lo quiero ver con mis propios ojos.


En ese momento, un joven monje fue algo apresurado ante el rimpoche.


- Maestro Jangbu, afuera hay una pareja de extraños con una niña, quieren que les demos refugio, pero no hemos recibido visitas en más de trescientos años, ¿qué se supone que debemos hacer?


El viejo pero bien preservado Rimpoche, lo miró con suma severidad.


- ¿Y donde se supone que está la generosidad que nos enseñó el Buda? Ve y ordena que los hagan pasar.


Al rato, la joven pareja, exhaustos, con sus gruesas ropas de alpinista y con la niña aún a espaldas de la madre, iban siendo auxiliados en su caminata por el resto de los monjes, hasta quedar frente al rimpoche. El hombre cayó de rodillas, mostrando signos evidentes de cansancio, mientras su mujer era sujetada de los brazos por dos jóvenes monjes, para que no se cayera junto a la niña. Él habló en un tibetano fluido pero forzado.


- Jaf, jaf, oh venerable abad, somos una pareja de científicos panameños que vinimos a realizar una investigación de campo en el Himalaya, jaf, jaf, sólo pedimos que os den refugio temporal junto con nuestra pequeña niña, hasta que recobremos fuerzas


- Buen hombre, puede quedarse el tiempo que desee, los peregrinos siempre son bienvenidos.


En ese momento la pequeña niña, de tenue piel canela y cabellos castaños, abría sus ojitos negros, aún con la resaca del sueño.



- ¿Mamá, do...donde estoy?.

Al primero que llegó a ver fue al vigoroso anciano.


- ¿Eres Dios, ya estamos muertos?


La niña extendió su pequeño brazo hasta el rostro del monje, tocándolo con sus deditos.


- ¿Habla usted tibetano? - le pregunta el monje a la mujer


- Sí, mi marido y yo estudiamos en Lhasa cuando hicimos la tesis de graduación.


- Su hija tiene un poderoso chi


- He oído esa palabra, pero no recuerdo donde ¿Qué significa?


- Es la energía que está en todas las cosas, pero en unas más que en otras, incluyendo personas ¿Puede decirme su nombre?


- Su nombre es Yara, tiene tres años de nacida y todavía no deja de sorprenderme ni a mí ni a mi marido ¿Por qué tanto interés?


- Despreocúpese señorita, es sólo curiosidad de viejo, ahora vengan conmigo, les enseñaré sus habitaciones


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